Pocos temas incendian tanto las conversaciones entre guitarristas como el tonewood. ¿Cambia de verdad el sonido la madera de una guitarra eléctrica solid-body — cuerpo, mástil o diapasón? Un bando trata las maderas exóticas como si fueran el alma secreta del instrumento. El otro afirma que todo está en las pastillas y el amplificador, y que la madera no es más que un mango elegante para sujetar las cuerdas. Los dos no pueden tener razón. Y, como suele ocurrir, lo más interesante es que ninguno la tiene del todo.
Este artículo intenta separar el ruido de la señal. No desde el dogma, ni desde el romanticismo de catálogo, sino desde lo que la investigación controlada permite afirmar. Conviene distinguir tres cosas: lo que se ha medido realmente, lo que pertenece más bien a la tradición o al marketing, y aquello para lo que la respuesta honesta sigue siendo: “todavía no lo sabemos bien”. Cuando una evidencia sea sólida, lo diremos. Cuando sea débil, también.
Acústica y eléctrica: no es el mismo problema
La primera confusión viene de hablar de la madera como si una guitarra acústica y una guitarra eléctrica funcionaran igual.
Una guitarra acústica produce sonido moviendo aire. La tapa, excitada a través del puente, irradia casi todo lo que escuchamos. Su rigidez, masa y amortiguamiento son, por tanto, centrales en la voz del instrumento. Incluso ahí, la realidad es más precisa que el folclore: la tapa domina ampliamente, mientras que el fondo y los aros influyen bastante menos de lo que muchas etiquetas de precio sugieren. En una construcción controlada de seis guitarras steel-string que solo diferían en la madera del fondo y los aros, los guitarristas apenas lograron distinguirlas en una prueba a ciegas, y el efecto medido de la madera sobre los modos vibratorios de la caja fue pequeño.
Una eléctrica solid-body funciona de otra manera. La fuente sonora es la cuerda vibrante, detectada magnéticamente por la pastilla. El cuerpo irradia muy poco sonido por diseño. De hecho, una de las razones de ser del solid-body es precisamente reducir las resonancias y el feedback de una caja hueca.
Por tanto, la madera del cuerpo no puede “colorear” el sonido como lo hace la tapa de una acústica. Si la madera importa en una eléctrica, importa de manera indirecta: modificando cómo vibra y cómo se apaga la cuerda. Ese es el único camino físico disponible. Y ese es el que merece ser examinado.

Cómo puede la madera modificar el movimiento de la cuerda
Cuando una cuerda vibra, no solo alimenta la pastilla. También empuja sus puntos de apoyo: el puente en el cuerpo, y la cejuela y los trastes en el mástil. Si esos apoyos flexan, aunque sea mínimamente, una parte de la energía de la cuerda se transfiere a la estructura en lugar de permanecer en la cuerda.
La cantidad de energía que se pierde depende de la conductancia mecánica en los puntos de contacto: dicho de forma sencilla, de lo fácil que resulta poner en movimiento esa estructura a una frecuencia determinada. Un apoyo rígido, masivo y poco móvil mantiene más energía en la cuerda. Uno más flexible o resonante la drena antes.
Esto es física real, no poesía de tienda de instrumentos. Y permite una predicción clara: una terminación más rígida debería dejar sonar la nota durante más tiempo; una más complaciente debería amortiguarla antes.
La cuestión no es si este mecanismo existe. Existe. La cuestión es dónde ocurre realmente dentro de una guitarra, y si las diferencias entre especies de madera son lo bastante grandes como para oírse.
En el primer punto, la investigación es bastante coherente: la mayor parte del acoplamiento se produce en el mástil, no en el cuerpo. El mástil es largo, relativamente delgado y libre de flexar. El cuerpo es corto, grueso y mucho más rígido. Por eso son las resonancias del mástil las que más probablemente coinciden con notas tocadas y extraen energía de la cuerda.
Dead spots: el caso más claro
La demostración más limpia de que la madera y la estructura afectan al sonido de una eléctrica es el dead spot: una nota, normalmente en un traste concreto de una cuerda concreta, que se apaga mucho más rápido que sus vecinas. Los músicos los reconocen de inmediato. No hace falta un laboratorio para notar que esa nota “no quiere vivir”.
Las mediciones vibratorias de Fleischer relacionaron los dead spots directamente con el mástil. Cuando la conductancia del mástil es localmente alta en la frecuencia de una nota, el mástil se mueve con facilidad, absorbe energía de la cuerda y la nota decae rápido. Cuando la conductancia es baja, la nota mantiene mejor el sustain. La correlación es fuerte y sigue exactamente la predicción física: mayor movilidad del mástil, menor sustain.
Una nota puede perder así la mitad de su duración. Eso no es una sutileza para discutir en un foro a las tres de la mañana. Es audible.
Los dead spots demuestran que la estructura de madera —sobre todo el mástil— influye realmente en lo que escucha la pastilla. Pero también ubican el efecto: está en el comportamiento del mástil, en su rigidez, masa y construcción, más que en el nombre de la especie usada para el cuerpo.
Qué añade la pastilla, y qué no
Una preocupación habitual es que los imanes de la pastilla tiren de la cuerda y enturbien el análisis. Los trabajos cuidadosos han separado las pérdidas propias de la cuerda de las pérdidas hacia la estructura, y han mostrado que la pastilla magnética no añade un amortiguamiento significativo. Detecta la cuerda sin frenarla de manera apreciable. El movimiento físico de la propia pastilla en una solid-body también es despreciable, muy por debajo del uno por ciento de la señal de la cuerda.
De ahí se desprenden dos consecuencias.
La primera: la pastilla informa bastante fielmente de lo que la cuerda está haciendo de verdad, incluidos los dead spots y las irregularidades de decaimiento.
La segunda: la pastilla detecta sobre todo el movimiento de la cuerda perpendicular al cuerpo. Si la estructura modifica cómo se mueve la cuerda en ese plano, la salida eléctrica cambia con ello.
La pastilla es un testigo razonablemente honesto. La pregunta es qué hay realmente que testificar.
Qué muestran realmente las mediciones
Sustain y mástil
El resultado más sólido de toda esta literatura es el modelo del sustain. Paté y sus colegas separaron dos mecanismos de pérdida en una cuerda pulsada: las pérdidas internas y aerodinámicas de la cuerda, y las pérdidas por acoplamiento con el instrumento. Mostraron que podían predecir el tiempo de decaimiento de una nota a partir de las propiedades de la cuerda y de la conductancia del mástil. El cuerpo no necesitaba entrar en el modelo. La predicción coincidía con el sustain medido a lo largo del diapasón, incluidos los dead spots. La salida de la pastilla reproducía el mismo patrón de decaimiento.
Este es probablemente el terreno más firme de todo el debate: la variación de sustain que se escucha realmente, entre notas y entre instrumentos, está gobernada sobre todo por las cuerdas y el mástil.
Los estudios sobre la madera del cuerpo, y por qué no cierran el caso
Los estudios centrados específicamente en la madera del cuerpo son más débiles. Conviene ser preciso, porque a menudo se citan como si hubieran dictado sentencia. No lo han hecho.
Ray et al. compararon una muestra de fresno con una de nogal. Pero eran bloques rectangulares macizos, no guitarras reales, y había una sola muestra de cada especie. Además, el nogal ni siquiera es una madera especialmente habitual para cuerpos. Midieron mayor amortiguamiento y un decaimiento más corto en el bloque de nogal, sobre todo en armónicos altos de las cuerdas graves y en un modo vibratorio concreto, sin diferencias significativas en la mayoría de las fundamentales.
El problema es obvio: con una sola muestra por especie y una variabilidad de medición alta, no se puede saber si la diferencia viene de la especie o de cualquier otra diferencia entre dos objetos únicos. De forma reveladora, los autores explican el mecanismo mediante el acoplamiento entre cuerpo, mástil y cuerdas: en su lectura, el amortiguamiento del cuerpo acorta el decaimiento de ciertas notas acopladas, no lo alarga.
Puszyński et al. usaron tablones de madera equipados con una cuerda, de nuevo no guitarras completas, con cuatro muestras por especie. Su resultado es uno de los más mal leídos. La especie de madera afectaba al sonido captado por un micrófono, es decir, al sonido acústico radiado en el aire. Las maderas más densas se correlacionaban con menor sonoridad específica. Pero en la salida de la pastilla, que es lo que importa en una eléctrica, no había correlación con la especie. La señal del micrófono y la de la pastilla no seguían el mismo patrón. La aspereza y la brillantez tampoco mostraban un efecto significativo de la madera.
Dicho de otro modo: el montaje simplificado mostró un efecto de la madera en el aire, pero no en el cable.
Jasiński et al. grabaron un instrumento de prueba simplificado construido con diferentes maderas y encontraron diferencias en la envolvente espectral y el nivel de señal que superaban algunos umbrales perceptivos descritos en la literatura. Una prueba informal de escucha mostró que oyentes medios podían distinguir los sonidos. Es un resultado sugerente y merece atención. Pero sigue siendo un montaje simplificado y una prueba informal, no una comparación controlada de guitarras completas. Apunta hacia una posible audibilidad en condiciones ideales; no la demuestra en un instrumento real.
El patrón se repite en los tres casos: objetos de prueba simplificados, pocas muestras o muestras únicas, y efectos pequeños, restringidos al sonido acústico radiado o difíciles de separar de la variación normal entre piezas individuales. Son un punto de partida, no un veredicto.
Puede que algún día se demuestre que la madera del cuerpo tiene un efecto audible en guitarras reales. Pero estos estudios no lo demuestran limpiamente. Y el lenguaje que se use sobre ellos debería reflejar esa cautela.
diapasón
El diapasón forma parte del mástil, así que está justo donde el acoplamiento realmente ocurre. Además, se ha estudiado directamente.
Paté et al. construyeron guitarras idénticas salvo por el diapasón: ébano frente a palisandro. Realizaron dos experimentos. En la prueba de escucha, donde guitarristas clasificaban grabaciones, los participantes percibieron diferencias, pero no agruparon las guitarras en “ébano” y “palisandro”. La diferencia existía, pero no organizaba lo que oían.
La discriminación apareció sobre todo en la prueba de interpretación, cuando los guitarristas tenían los instrumentos en las manos. Y la pista que distinguía las maderas era la “precisión”: cómo se separaba cada nota, cuán limpia resultaba la articulación. No era el sustain, como suele afirmar el folclore.
La lectura honesta es estrecha, pero interesante: la madera del diapasón puede producir diferencias que el músico detecta al tocar, dentro del sistema del mástil, y que aparecen más como articulación que como una “coloración” tonal fija.
¿Se puede oír realmente?
Medir una diferencia y oírla son dos afirmaciones distintas.
Algunos criterios de psicoacústica ayudan a poner las cosas en perspectiva. En volumen, la diferencia apenas perceptible ronda aproximadamente 1 dB. En timbre, un cambio espectral debe ser suficientemente grande en alguna banda para registrarse. Si un cambio de madera desplaza algunos armónicos dos o tres decibelios, puede ser audible en una nota aislada, limpia, escuchada con atención. Si el mismo cambio se reparte de forma difusa por todo el espectro, desaparece con facilidad.
La percepción del sustain es bastante gruesa salvo cuando la diferencia es grande. Un dead spot que reduce drásticamente la duración de una nota resulta evidente. Una diferencia del cinco o diez por ciento en el tiempo de decaimiento, en una situación normal de interpretación, generalmente no.
Y el contexto entierra muy rápido las diferencias pequeñas. Añade una banda, distorsión, una sala o una mezcla, y esas variaciones sutiles de espectro o decaimiento quedan enmascaradas. Por eso un músico puede estar convencido de notar algo en una habitación silenciosa y no ser capaz de repetirlo en una mezcla o en una prueba a ciegas.
La expectativa también trabaja. Mucho. Saber que una guitarra está hecha con una madera rara, cara o venerada basta para que alguien escuche un tono más rico. El cerebro es una herramienta fantástica para tocar música, pero bastante mala para hacer controles científicos.
Mitos frente a evidencia
“Da igual la madera; todo es electrónica.”
Falso tal como está formulado. Pero su opuesto también lo es. El mástil modifica de forma demostrable cómo decae una nota, y los dead spots son la prueba. Decir que no se ha demostrado que la especie de madera del cuerpo importe audiblemente no equivale a decir que la electrónica lo hace todo. Muchas partes mecánicas del instrumento influyen en el comportamiento de la cuerda. Ambos eslóganes son falsas dicotomías.
“Las maderas más pesadas o rígidas tienen más sustain.”
Como principio aplicado a las terminaciones de la cuerda, tiene sentido: un apoyo más rígido y de menor conductancia drena menos energía. Eso está bien apoyado en el caso del mástil. Como afirmación sobre especies de madera del cuerpo en guitarras reales, no está establecido. Las comparaciones controladas disponibles se hacen con bloques, tablones o muestras únicas, y al menos una describe un amortiguamiento del cuerpo que acorta el decaimiento en notas acopladas, no que lo prolonga.
“Cada especie tiene un color tonal propio: caoba cálida, arce brillante.”
Para una tapa acústica, descripciones así pueden tener cierta base. Para una solid-body, dos guitarras del mismo modelo con maderas de cuerpo distintas pueden sonar algo diferentes. Pero no hay buena evidencia de que esa diferencia se deba a la especie del cuerpo y no a la variación normal entre dos instrumentos individuales.
El error del marketing es de magnitud. Nada en los datos controlados se acerca al cambio que produce sustituir una pastilla, ajustar su altura o mover un control de tono.
“Las maderas tropicales exóticas son necesarias para un buen sonido.”
No está respaldado. Lo que gobierna la mecánica es la rigidez, la densidad y el amortiguamiento, no el nombre comercial ni el prestigio de la especie. Si se igualan esas propiedades, una madera local, doméstica o no tradicional puede cumplir la misma función. Es una conclusión especialmente útil cuando muchas maderas tropicales tradicionales son cada vez más escasas, reguladas o difíciles de justificar.
“Los mástiles atornillados tienen menos sustain que los encolados.”
El tipo de unión produce diferencias mecánicas medibles y puede desplazar la ubicación de ciertos dead spots. Pero los estudios perceptivos a ciegas no han encontrado una diferencia audible constante atribuible al tipo de unión en sí mismo. La unión del mástil merece su propio artículo. Para este tema, la versión corta es que el tópico “encolado = sustain, atornillado = ataque pero menos duración” va bastante por delante de la evidencia.
“Las pastillas solo captan la cuerda, así que la madera es irrelevante.”
Las pastillas captan la cuerda, sí. Pero la cuerda no existe en aislamiento. El mástil —que en gran parte es madera— cambia lo que la cuerda hace, y la pastilla lo reproduce fielmente. Por tanto, la madera no es irrelevante. Lo que sí cambia es el mapa del fenómeno: el camino demostrado pasa por el mástil, no por una supuesta personalidad tonal fija del cuerpo.
Qué significa todo esto para un constructor
La posición defendible es más estrecha que la de cualquiera de los dos bandos. Y precisamente por eso es más útil.
Lo que está medido: las cuerdas y el mástil dominan el sustain y el comportamiento de los dead spots que realmente se escuchan. La pastilla informa de ello sin añadir pérdidas propias significativas. La madera del diapasón produce pequeñas diferencias que el músico puede detectar al tocar, más relacionadas con la articulación que con una “coloración” sonora. La rigidez, la masa y la construcción del mástil son variables reales de sonido y sensación.
Lo que pertenece más a la tradición o al marketing: la idea de que la especie del cuerpo imprime una coloración fija y predecible, o que una madera rara sea necesaria para lograr un buen tono. Dos guitarras del mismo modelo con maderas de cuerpo diferentes pueden diferir, por supuesto. Pero la evidencia controlada no permite atribuir limpiamente esa diferencia a la especie del cuerpo, ni respalda las magnitudes que suelen proclamarse.
Lo que sigue abierto: si la especie de madera del cuerpo tiene algún efecto audible en una guitarra real y completa. La respuesta honesta es que nadie lo ha demostrado de forma limpia. En parte porque el experimento perfecto —la misma guitarra construida dos veces, cambiando solo la madera— es casi imposible de realizar. Esa dificultad corta en ambos sentidos: limita tanto los “sí” demasiado seguros como los “no” definitivos.
Para construir, la lectura práctica es bastante estable.
Si el objetivo es el sustain, hay que controlar el mástil y las terminaciones: rigidez, masa, cejuela limpia, puente sólido, unión sana. Ahí es donde realmente se juega la energía de la cuerda.
La madera del cuerpo debe elegirse por razones que ya son importantes: peso, equilibrio, estabilidad, estética, disponibilidad, comodidad e identidad visual. Son criterios reales, y el músico los percibe cada vez que toma el instrumento.
Y cuando una madera tradicional es escasa, regulada o sencillamente poco coherente con una construcción contemporánea, tiene más sentido igualar propiedades mecánicas que perseguir un nombre mítico. El sonido no denunciará la sustitución. El marketing quizá sí. Pero ese ya es otro problema.
Referencias
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1 comentario
EXCELENTE artículo que desmonta los mitos sobre la influencia de las maderas en las guitarras eléctricas. Hacía tiempo que quería leer un artículo basado en estudios científicos, ¡y lo habéis conseguido!
Además, habéis logrado explicar conceptos de física de forma sencilla para que sean accesibles a un público amplio: enhorabuena por este trabajo.
Me han interesado especialmente los efectos de acoplamiento entre la cuerda y el mástil, que están muy bien descritos.
Soy físico y trabajo en el campo de la ciencia de los materiales para aplicaciones acústicas. Como guitarrista aficionado, me relaciono con músicos profesionales y ya he tenido conversaciones sobre este tema: vuestro artículo me permitirá aportar nuevos argumentos fiables que voy a compartir.
Gracias de nuevo
Gilles